Disfraz y nahualismo
En el post “DISFRAZ, implicancia social y punto de vista del nahualismo” comentamos un poco sobre algunos de los motivos por los cuales se disfrazaban las personas.
Ahora daremos el punto de vista nahual, publicado en el libro de Armando Carranza “NAHUAL, tu animal interior”.
¿Qué es ser o tener nahual?
Mucho convendrá revisar el fondo y el trasfondo de la palabra nahual. Porque sus alcances son y han sido siempre sobrenaturales. Proviene de un verbo nahoa que significa disfraz. Y a su vez la palabra disfraz es clave en todo el mundo para aludir a la oculta realidad animalesca del hombre, procedente de aquel traje de Adán sin duda relacionado con el don que se le diera de poner nombre a todos los animales y servirse de ellos.
En el Imperio Azteca era más largo el nombre de esta animalidad que reviste la condición humana, era: nahualtocáitl, o nahualtocalli. Después el uso dividió esta palabra en dos: la primera es el famoso aztequismo nahual, siempre aplicado a la animalidad oculta. Obsérvese que nahual significa disfraz en el sentido de traje «casi ajeno» o disfraz impuesto por la Naturaleza desde el nacimiento. Y la segunda parte de la palabra, tocáitl, o tocalli, significa doble u «otro yo». Y era tan importante que se introdujo en el castellano como «tocayo», para aplicarla precisamente a la persona que lleva el mismo nombre que uno. Tampoco se pierde de vista el hecho más simple, pero no menos revelador, de que la palabra animal viene de ánima. Y todo tiene ánima, particularmente nosotros.
Disfrazarse, que significa retomar y descender, lo indujo primero a vestirse de animal. Luego comprobó que conseguía la misma plenitud sin necesidad de asumir precisamente la apariencia de su nahual, pues le bastaba con nulificar a su persona humana poniéndose un simple antifaz o máscara. Es decir, no tenía que asumir a su persona animal, pues ésta se hallaba siempre presente, lo que debía hacer era nulificar a su persona humana, para lo cual bastaba con suprimir la identidad. Si se recuerda el significado oculto de la palabra nahual se entenderá el propósito no de esconderse, sino de dejar de ser quien se es en lo humano para así, sin más, Soltar al ave, reptil o mamífero enjaulado en las profundidades de la mente, ahí donde se guardan los sellos que la Naturaleza impone a cual en el instante de nacer. De ahí surgen, ansiosas de fiesta, las llamadas fieras corrupias, término éste emparentado con corrupción, degradación o, más claramente, con el retorno del nahual a la vida, pues entendemos y malentendemos, que lo nahuálico es la degradación de lo humano, siendo que sin nahual ningún ser humano es mucho… ni poco.

Carnaval, traje de Adán y otros disfraces
Al comprobar el hombre que sólo con su inteligencia no era capaz de trazarse una ruta directa hacia la iluminación, tuvo que aprender a negociar la colaboración de sus partes animal y espiritual, aceptando primero que el nahual debe salir a disfrutar su naturaleza animal en libertad, y concediendo después que para ello primero ha de dedicar un día, en cuya noche apartará a la persona humana, nulificarla bebiendo vino del cósmico viñedo de Noé, nahualizado con la sangre de aquellos animales vaciados en sus cuatro esquinas.
Luego aceptó asignarle al espíritu también un día a la semana y otros al año. Sólo que, como la persona espiritual no tiene en el mundo gran fuerza disuasoria, no le resulta difícil al ávido nahual comerle una buena parte de sus fiestas. De hecho muy buena parte, pues el nahual rara vez cree tener suficiente.
Pero el hecho es que la persona humana acepto así a la obligación de reservar días para la exteriorización de las otras dos personas que participan de su ser. Así es como le ofrece a su parte animal la noche del viernes o del sábado para sacarla a pasear, a explayarse y satisfacer sus necesidades, igual que es preceptivo hacer con el perro de casa si se pretende vivir en condiciones saludables para todos. Pero, a fin de asegurarse de que el nahual surge plenamente, la persona humana ha de hacerse a un lado invariablemente cuando se le conjura con vino, dejando así que el cuerpo, ya dominado por el nahual, dance exaltadamente con la música que se le dedica y que es la mayormente dotada de ritmo como rock, salsa, merengue y cuantas no proyecten ideas sino que clamen por emociones y sensaciones.
Y para un desentumecimiento absoluto, la persona humana ofrece al nahual en particular una semana que ha de ser obligadamente ruidosa, voraz por sí misma entusiasta hasta el rugido y graznido ensordecedores, plena de pieles y plumajes, la semana del carnaval.
La Pascua reserva los días con que enseguida el hombre cumplirá con su persona espiritual. Pero no olvidemos los días de la persona humana, pues, siendo sólo suyos todos los del período laboral, en obediencia al sino de ganarse el pan con el sudor de su frente, debían corresponderle también los del período de vacaciones. Sin embargo, con demasiada frecuencia también de estos días se apropia la persona animal y, a veces incluso la espiritual. La persona humana es la más indefensa, contra todo lo que suele imaginarse. Puede afirmarse que la única gran fiesta de la persona humana es la Navidad. Y aun cuando se intercambian con entusiasmo las felicitaciones por el nacimiento de Cristo, gran separador de las personas humana y animal, y se entiende que ha de celebrarse con abundancia de bebidas y golosinas. Esta actitud parece nahuálica debido sólo a que la persona humana carece de los recursos y de la inventiva del nahual para expresar alegría, plenitud, o libertad. Pero, volvamos al hecho esencial de que en las fiestas navideñas para subrayar que la persona humana no es la desplazada, sino que quien se ausenta o repliega es ahora el nahual, dejando a hombres y mujeres sin el ánimo que pretenden imitarle, por lo cual las fiestas de fin de año, dedicadas al concepto humano, aun cuando se celebren entre risas y abrazos, conservan en la mayoría de los hombres un trasfondo de melancolía o, por lo menos, de insuficiencia para alcanzar la plena euforia, pues, faltando el empuje del nahual todo parece transcurrir de manera enlentecida, rala, provisional. También dentro del hombre, pues, la bestia suele invernar.
Por el contrario, el gran ciclo de entrega absoluta al nahual, que es el carnaval, se hizo ritual planetario desde tiempos muy remotos, cuando nacieron la religión y la magia o, más bien, la plegaria y el conjuro. No es posible desanudarle al carnaval las raíces religiosas de las mágicas. Y no se equivocan los que han visto en el carnaval una religión en sí mismo, ya que atiende a una muy activa parte de la inmaterialidad trascendente, que eso es precisamente la del nahual.
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