Historia japonesa: Reencarnación

En la parte más alejada al Norte y más montañosa de la provincia de Echigo hay un templo que durante el reinado del emperador Ichijo tuvo una curiosa historia ligada a él, y, aunque el emperador Ichijo reinó hace tanto tiempo, entre los años 987 y 1011, el narrador de la historia me asegura que creía que el templo existía todavía.

El nombre del templo es Kinoto y está situado en las colinas de bosques inexplorados, que en aquellos días tuvieron que haber sido casi bosques vírgenes.

El monje que dirigía el templo Kinoto era un hombre bastante joven, pero muy devoto; dos veces al día leía en alto sermones sagrados de la Santa Biblia Budista.

Un día el buen joven se dio cuenta de que dos monos habían bajado de la montaña y se habían sentado a escuchar su lectura con caras serias y sin burlas. Se distrajo, pero, sin darle importancia, continuó leyendo. Tan pronto como
hubo terminado, los monos se fueron a las colinas.

El monje se sorprendió al ver aparecer a los monos en sus sermones del día siguiente, y cuando al tercer día vinieron de nuevo no pudo evitar preguntar por que venían con tanta regularidad.

“Santo padre, hemos venido porque nos gusta oír como lee las palabras y sermones de Buda, y deseamos enormemente recordar toda la sabiduría y virtudes que le hemos oído recitar a usted. ¿Es posible que nos copien el gran libro budista sagrado?”

“Sería un asunto muy laborioso”, contestó el sacerdote, muy asombrado; pero como vosotros, animales, tenéis,
Un interés tan extraño en los sermones de nuestro Gran Señor Buda, haré un esfuerzo para satisfacer vuestro deseo, esperando que por ello podáis ser beneficiados.”

Los monos se inclinaron y dejaron al sacerdote, contentos con ellos mismos y con la promesa que habían conseguido. Mientras tanto el sacerdote se puso a trabajar en su gigantesca labor de copiar la biblia budista. Unos seis o siete días más tarde vinieron al templo unos quinientos monos cada uno llevaba papel pergamino, que dejaron delante del sacerdote, y el capataz dijo lo profundamente agradecidos que estarían ellos cuando tuvieran la copia de la Biblia, porque podrían conocer las leyes y enmendarse. E, inclinándose de nuevo ante el sacerdote, se retiraron, todos excepto los dos primeros monos. Estos dos empezaron a trabajar con diligencia para encontrar alimentos para el sacerdote mientras éste escribía. Día tras día ellos entraban en las montañas y volvían con frutas silvestres y patatas, miel y setas, y el sacerdote continuaba escribiendo constantemente; de otra forma le sirvieron hasta que hubo copiado cinco volúmenes del libro sagrado.

Buda y el mono


Cuando hubo alcanzado el final del quinto volumen, los monos, por alguna razón inexplicable, dejaron de venir, quedando el buen sacerdote muy inquieto por ellos. Al segundo día de su ausencia fue en su busca, temiendo que les hubiera ocurrido alguna desgracia. Por todas partes encontraba el sacerdote en su lugar huellas en los forrajes, ramas rotas de árboles frutales silvestres, arañazos y agujeros donde habían estado buscando patatas silvestres. Evidentemente

los monos habían trabajado duro, y el pobre sacerdote se sintió muy inquieto por ellos.
Por fin, cerca de la cima de la montana, su corazón dio un salto y se llenó de tristeza cuando llegó a un agujero que habían hecho los monos para buscar patatas silvestres, tan profundo que habían sido incapaces de salir. Sin duda los
Dos habían muerto con el corazón roto, temiendo que el sacerdote pensara que le hablan abandonado.

No quedaba nada más por hacer que enterrar a los monos y rezar por su bendición, lo cual hizo. Poco después llamaron al sacerdote para ir a otro templo, así que, como no vio la necesidad de continuar copiando la Biblia Budista, puso los cinco volúmenes que había copiado dentro de uno de los pilares del templo, que tema una especie de estantería dentro de ella.

Cuarenta años más tarde llegó al templo un Kinomi-ta-ka Ason, que se había convertido en gobernador o señor de la provincia de Echigo. Vino con la mitad de sus criados y domésticos, y preguntó a los sacerdotes si sabían algo de una copia de la Biblia Budista que estaba sin terminar. ¿Estaba en el templo todavía?

“No”, dijeron ellos, “ninguno de nosotros estábamos aquí en la época que menciona su señoría. Pero hay un anciano, un criado, que tiene ochenta y cinco años, quien quizá pueda decirle algo. Mandaremos a buscarle.”

Poco después se hizo pasar a un hombre con una larga barba blanca.

“¿Es el viejo documento que empezó a copiar un sacerdote porque lo querían los monos? Bueno, si es así, nunca se ha tocado desde entonces, y es un asunto de tan poca importancia que casi lo había olvidado. El documento esta en una pequeña estantería secreta que se hizo en uno de los pilares principales del templo. Lo traeré.”

Unos diez minutos más tarde los documentos estaban en manos de Kinomi-ta-ka Ason, que estaba en un éxtasis de
placer al verlos. Dijo a los sacerdotes y al anciano que él era el señor de la provincia de Echigo, y que había viajado todo el camino hacia su templo para ver si permanecían allí los volúmenes inacabados de la Biblia “Porque”, dijo,
“yo soy el mayor de los monos que estaban tan deseosos de obtener la copia de todos los sermones de nuestro Señor Buda y, ahora que he nacido como hombre, deseo completarlos.”

Se permitió que Kinomi-ta-ka Asan se llevara los volúmenes con él y durante cinco años continuó copiando el libro
Sagrado. Copió tres mil volúmenes en total, y se dice que ahora están guardados en el templo de Kinoto, en Echigo como su tesoro más sagrado.

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  • This entry was posted on Friday, July 25th, 2008 at 10.11 am and is filed under Japon, Vision of world. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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